domingo, 24 de abril de 2011

El chiste es que no se note su trabajo


Como ya hemos visto, hacer un libro involucra a muchas personas; esta vez toca el turno al corrector de estilo quien será el encargado de pulir el texto para evitar cualquier error y que cuyo trabajo no se debe de notar a pesar de ser una de las piezas más importantes del proceso.
¿Por qué no se debe de notar? Si se nota es porque no ha hecho bien su trabajo, porque dejó pasar una errata al texto. Sin embargo, si el lector no se detiene para quejarse sobre la pulcritud del texto, entonces el corrector ha hecho el mejor trabajo posible.
Es ingrato eso de ser quien se encarga de que al texto no se le pase ningún error y no ser reconocido por ello; sin embargo, el corrector siempre ha sido un elemento solitario que pocas veces sale del anonimato. No por eso se desdeña su trabajo y, incluso, debería ser más reconocido.
Camilo Ayala hace un recorrido sobre el trabajo de los correctores de estilo que, se pensó, podrían desaparecer con los autocorrectores de las computadoras; pero no ocurrió así por el simple hecho de que las máquinas no pueden tener todas las palabras de determinada sociedad.

Ayala también hace un llamado a la mejor escritura pues con esa acción se facilita el trabajo del corrector y el libro sale más rápido a la venta. Si bien resulta duro aceptar la crítica que hace a la UNAM, debemos de reconocer que incluso dentro de la carrera de comunicación, letras y todo lo que tiene que ver con la escritura, la ortografía y la redacción, en algunas personas, es pésima.
En este círculo vicioso de leer-escribir bien se tiene que trabajar desde el fomento lector para lograr redacciones más limpias y que el corrector no tenga que enfrentarse a errores graves.
Aún con esos errores, Ayala reconoce que es la UNAM la mejor escuela para editores, correctores de estilo, traductores y diseñadores de libros a pesar de que la carrera no existe como tal.
Entonces, un corrector de estilo debe asimilar que su trabajo no será reconocido por el hecho de que si lo llegan a mencionar es porque algo hizo mal, porque dejo pasar una errata o porque el texto no tiene coherencia. Solitario como es, el corrector se debe alegrar de no llamar la atención, pues querrá decir que ha hecho un trabajo íntegro.




Camilo Ayala Ochoa, “Correctores de estilo”, en: Quehacer editorial, núm. 8, p.7-22, Alejandro Zenker, “Día del corrector, de cómo se puede vivir sin correctores, pero por qué siguen siendo imprescindibles”, en: Quehacer editorial, núm. 8, p.23-27

1 comentario:

  1. Priscila: es importante que retomes las ideas de los autores de los textos que leímos. Tu opinión es importante, pero un control de lectura debe rescatar las ideas principales del autor.
    Saludos

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