lunes, 25 de abril de 2011

El entorno digital en la edición



"Podremos seguir leyendo libros, durante el día, o por la noche con una vela, cuando toda la herencia audiovisual haya desaparecido".
 Jean-Claude Carrière
 
La eterna pelea entre lo analógico y lo digital, como si no se pudieran conjuntar, siempre se piensa en que una de ellas superará a la otra, la vencerá y la desaparecerá.
En el entorno editorial no es diferente, la era digital ha alcanzado a este ámbito y ha hecho que se piense sobre la verdadera labor del editor, quien se ha tenido que cuadrar a las nuevas reglas que se le dictan si quiere seguir activo en el mercado.
¿Pero a qué parte nos referimos específicamente?  A que el soporte digital es lo nuevo; leer en aparatos electrónicos más que tener un libro en las manos.
¿Dónde queda entonces todo el trabajo editorial del que hemos estado hablando? Se pensaría que ese trabajo queda relegado debido a que ya no nos debemos preocupar por el tipo de hojas, tamaño del libro, número de páginas, diseño de portadas y todo ese proceso; sin embargo, no se sustituye sino que hay rasgos que se siguen utilizando.
Francisco Javier Jiménez y Manuel Gil plantean que las nuevas tecnologías permitirán que cualquier persona se vuelva un generador de libros y que se abaratarían los costos de los mismos permitiendo que un mayor número de personas tenga acceso a la lectura.
Esto último no es tan cierto debido a la brecha digital que existe en la mayor parte del mundo; se están dando los primeros pasos para el cambio digital, sin embargo, aún quedan muchos asuntos educativos por resolver antes de pensar que los libros electrónicos van a sustituir a los materiales.
Si bien existen beneficios en la edición digital debido a la reducción de costos y tiempos, cabe señalar lo que dicen Umberto Eco y Jean-Claude Carrière: la tecnología avanza tan rápido que los lectores de soportes digitales van cambiando y nos obligan a renovar nuestras bibliotecas cada vez que un nuevo Gadget aparece so riego de perder toda la información.
Esta claro que la digitalización de las empresas editoriales va caminando de manera rápida, sin embargo, también es cierto que aún pasarán algunos (o muchos) años antes de que hablemos de una completa digitalización; aún así, el libro de papel jamás desaparecerá.
 
Jiménez Javier Francisco y Gil Manuel.  Manual de edición. Capítulo VII. La edición en el entorno digital. Página 110-126.

Pásele a comprar su libro


Manejado como una mercancía que las empresas editoriales buscan vender, los libros deben de tener buenas estrategias de venta que hagan que la gene desee comprarlos.
Datus C. Smith menciona que el ámbito de la promoción editorial debe ser un sector imaginativo y ágil que atraiga al comprador y devuelva la inversión que se hizo en la editorial y se traduzca, también, en una paga para el autor.
El encargado de hacer la promoción del libro es un publicista editorial que deberá ser contratado por la empresa; como toda mercancía, cada libro requiere de promoción específica y se deben cubrir sus necesidades específicas para que se venda mejor.
Según Smith, existen ocho formas de promoción que resultan útiles para la venta de un libro:
·      Forro del libro o camisa. Se centra en lo visual, en la presentación del libro; en esta parte se muestran datos esenciales como datos sobre el autor, el libro y las críticas que ha recibido.
·      Ejemplares para reseña. Se considera la forma más económica de promoción. Son ejemplares que se envían a periódicos, revistas o columnistas culturales de radio y televisión.
·      Copias para presentación. Es publicidad gratuita en la que un selecto número de personas con perfiles específicos recibe un ejemplar con una nota del autor y/o editor preguntándole su opinión. Quienes reciben estos ejemplares son personas cuya opinión es validada por el público como intelectuales o especialistas en el tema sobre el que versa el libro.
·      Anuncios del editor. Está dirigido a los libreros conocedores. La información emitida por el editor contendrá elementos que inducirán a los pedidos.
·      Visitas de representantes de ventas. Estos agentes hacen visitas a librerías, escuelas y bibliotecas; portan el material a estos recintos y los promocionan; con el librero discuten sobre precios, el lugar de poner la publicidad, presentaciones con el autor y otros aspectos de campaña local.
·      Espacios publicitarios. Se contratan espacios en periódicos o revistas para publicar anuncios sobre el libro; este espacio dependerá de las características de cada país.
·      Cupones.  En los anuncios se incluyen cupones para que el cliente los llene y los envíe; con esta forma de publicidad, el editor obtiene información valiosa sobre el mercado al que se dirigirá en futuras ocasiones.
·      Anuncios por correo. Se utilizan para públicos específicos; una editorial que no conozca a sus clientes potenciales hará un derroche de dinero con este tipo de promoción.

Otras formas de promocionar un libro es a través de la radio; por ejemplo, Jacobo Zabludovsky en su noticiario De 1 a 3 por Red FM hace mención sobre libros que llegan a sus manos y tiempo después le dice al público qué le pareció el material.
También se puede promocionar por televisión, con carteles que reproduzcan la portada del libro, exposiciones, presentaciones con el autor, premios otorgados al autor, revistas, entre otros.
Entonces, si creyó que la producción era lo más difícil, espere a llegar a la promoción de su material; deberá seguir tomando decisiones inteligentes que no le representen grandes pérdidas a la casa editorial.

Datus C. Smith: “9. Promoción: hacer que la gente desee comprar el libro”, en: Guía para la publicación e libros, UdeG/ASEDIES-México, 1991.

La vendimia


Una vez que se tienen los libros impresos lo que prosigue es vender, una acción en la que se involucra tanto la editorial como los futuros lectores qe elegirán la publicación por diversos factores.
Datus C. Smith identifica a los clientes en cuatro categorías:
1.    Clientes individuales. La compra-venta se realiza de manera directa son intermediarios. Dentro de estos clientes hay diversos tipos de ventas: promoción y venta por correo, una librería de la editorial, distribución masiva, club de libros y suscripciones.
2.    Instituciones. Se refiere a los grandes compradores como escuelas, bibliotecas o programas de gobierno destinados al fomento de la lectura.
3.    Vendedores al menudeo. Se venden libro por unidad a aquellos que lo solicitan; pueden ser librerías, compañías de distribución masiva, vendedores por correo y suscripciones.
4.    Mayoristas. Son el paso entre la editorial y los menudistas.
Establecidos los tipos de compradores o distribuidores, lo siguiente a tratar es la exportación pues las maneras de vender pueden ser hacia el extranjero. Sin embargo, no siempre es fácil esta tarea.
La implicación que tiene el entrar a otro país debe ser cuidadosa debido a que una obra puede generar problemas al enfrentarse diferencias ideológicas, obstáculos políticos o censura por parte de los gobiernos; es por eso que no muchas editoriales intervienen directamente en el proceso de exportación.
Otros factores que influyen en la venta son: precio al público, descuentos de cada librería, crédito, la devolución, promoción, servicio y la calendarización que se refiere al tiempo en que van a circular los ejemplares de promoción, la época en la que se va a vender y planeación de campañas.
Son diversos los factores que hacen que un libro se venda o no; las empresas editoriales buscan que su producto se distribuya en la mayor cantidad posible y por lo mismo, deben buscar las mejores opciones para que los interesados en adquirirlos no se arrepientan.
 
Datus C. Smith: “8. La venta de libros”, en: Guía para la publicación de libros, UdeG/ASEDIES-México, 1991.

domingo, 24 de abril de 2011

La producción del libro


Una vez hechos todos los procesos previos a la obtención de un ejemplar como coerción de textos, elección de papel, tipografía, diseño, entre otros, es momento de producir unos cuantos ejemplares para comenzar la verdadera difusión.
Datus C. Smith explica que el impresor no debe desentenderse del proceso de producción debido a que tiene que estar presente para hacer equipo con el diseñador para seguir sus instrucciones y lograr el libro propuesto por el diseñador.
Con una buena labor conjunta entre imprenta y editorial se logran ejemplares de bajo costo y máxima calidad; el editor debe estar presente durante el proceso para decidir cambios de última hora y fijar tarifas de venta, lo  que repercutirá en la elección de la imprenta.
Datus C. Smith menciona tres procesos en la manufactura del libro: composición, impresión y encuadernación.
La composición se refiere al arreglo de las palabras de cada página; la formación de las páginas a partir de tipos metálicos y hojas que funcionaran como pruebas; de ahí se obtendrá un negativo que se usará en la placa de impresión.
Menciona el autor que existen distintos tipos de composición que van desde los manuales, que es más económico y el más preciso pero más lento; el monotipo que emplea piezas de metal para cada letra, también es lento pero preciso.
El intertipo y el linotipo son máquinas que componen líneas completas; es más rápido el proceso; y por último  está la fotocomposición que a través de un sistema electrónico la máquina reproduce la imagen de las letras en un papel fotográfico que después se introduce en las placas de Offset.
La impresión, como su nombre lo indica, es poner las palabras en el papel. Después de imprimir texto, se debe ver por las imágenes que se pueden imprimir en blanco y negro o a color. Hay tres tipos de impresión: directa con tipos metálicos, la litográfica y la impresión sin presión.


 







Finalmente, la encuadernación se refiere a la conjunción de las hojas impresas. Hay diferentes tipos de encuadernación que se elegirán de acuerdo al diseño que se ha seleccionado para el libro.

Todos estos datos los debe conocer el futuro editor para saber cómo economizar una publicación pero seguir manteniendo la mejor calidad en todo el proceso de producción de un libro.


 
Datus. C. Smith: “7 Producción del libro: impresión y encuadernación”  en Guía para la publicación de libros, Asociación de Editoriales de Instituciones de Educación Superior de México, Guadalajara. 1991. Página 95- 109.

Conocimiento profundo del libro


Reza un proverbio hindú que Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora. ¿Qué otras cosas debemos conocer sobre ese amigo que nos acompaña en nuestra soledad?
Roberto Zavala en El libro y sus orillas hace una descripción detallada de las partes que componen a este compañero:  la cubierta o primera de forros, la segunda de forros, la falsa portada, la contraportada, la portada, dedicatoria o epígrafe, advertencias, prólogo, agradecimientos, introducción, índice, texto, glosarios, índices de láminas, apéndices, cuadros, anexos, material gráfico, bibliografía, colofón, tercera de forros y cuarta de forros.
Después de enumerar las partes del libro, es importante recordar que hay otros elementos que  lo componen como la tipografía, la numeración y el tamaño, que depende del tipo de papel que se ha elegido y las medidas en que lo podemos encontrar.
La calidad y tipo de papel que se va a utilizar dependerá de las necesidades del texto; es decir, de qué tanto texto tiene, si hay imágenes que necesitan imprimirse en alta resolución (como en el caso de libro de arte y diseño), el tiraje y, también, del público al que se destina la publicación.
También es importante tomar en cuenta la mancha de texto; esto está más en el trabajo del diseñador que se encargará de hacer un texto agradable, con espacios adecuados para que la vista no se canse.
Entonces, es de considerarse los márgenes (superior, inferior, izquierdo y derecho), los colgados (espacio en blanco al inicio del capítulo), las sangrías  (espacios al inicio de cada párrafo) y los espacios entre líneas que va a tener el texto.
Con todos estos elementos se desprenden también manuales de estilo que cada editorial sigue como marca personal. Como podemos notar, son diversos los aspectos que se deben tomar en cuenta antes de mandar a imprimir un libro; parece sencillo, pero lo cierto es que la industria editorial es todo un arte que se encarga de poner en manos del lector un bello compañero.
 
Roberto Zavala Ruíz: “El libro por dentro y por fuera”, en: El libro y sus orillas, UNAM, México, 2003, p. 21-33, 51-62.

No juzgues un libro por su cubierta … ¿o sí?


El consejo arriba referido es utilizado para pedirles a las personas no juzgar a otras por su exterior y exhorta a conocerlos por dentro. Se hace con una referencia a los libros debido a que algunas veces el diseño te hace alejarte pero el contenido es realmente bueno y no lo sabrás hasta que lo abras y lo leas.
Hoy en día esa idea romántica sobre el contenido del libro me parece cada vez menos vigente debido a la importancia que lo visual ha adquirido en nuestra vida cotidiana.
No digo que los contenidos de un libro bien diseñado sean malos, pero es hora de que un buen diseñador se encargue de llamar la atención de los lectores para que estos se decidan a comprar un ejemplar.
La manera en como va a materializarse un libro, dice Datus C. Smith, debe responder a diversos factores específicos de una sociedad; se debe tomar en cuenta al mercado que se le va a vender y qué es lo que se quiere comunicar a través del libro.
El diseñador se va a encargar de materializar los objetivos del libro a través de tipografías, ilustraciones y otros elementos que permitirán una mejor lectura y comprensión del texto seleccionado. El trabajo del editor en este proceso es el de adecuar el diseño a las posibilidades económicas de la empresa editorial.
Pero no sólo de lo visual se encarga el diseñador; también los aspectos físicos del libro le competen: tamaño, tipo de papel, número de páginas, cubierta, etcétera.
Una vez elegidos todos estos aspectos, el autor menciona que se debe buscar una buena imprenta que tenga todos los equipos que se requieren para materializar la idea y el diseño tal y como se pensó.
No cabe duda que el texto es la esencia del libro, pero en esta sociedad visual es importante no descuidar ese aspecto para hacer más atractivo el libro y lograr que más personas lo quieran adquirir. 



Datus C. Smith: “6. Diseño del libro”, en: Guía para la publicación de libros,  UdeG/ASEDIES-México, 1991.

El chiste es que no se note su trabajo


Como ya hemos visto, hacer un libro involucra a muchas personas; esta vez toca el turno al corrector de estilo quien será el encargado de pulir el texto para evitar cualquier error y que cuyo trabajo no se debe de notar a pesar de ser una de las piezas más importantes del proceso.
¿Por qué no se debe de notar? Si se nota es porque no ha hecho bien su trabajo, porque dejó pasar una errata al texto. Sin embargo, si el lector no se detiene para quejarse sobre la pulcritud del texto, entonces el corrector ha hecho el mejor trabajo posible.
Es ingrato eso de ser quien se encarga de que al texto no se le pase ningún error y no ser reconocido por ello; sin embargo, el corrector siempre ha sido un elemento solitario que pocas veces sale del anonimato. No por eso se desdeña su trabajo y, incluso, debería ser más reconocido.
Camilo Ayala hace un recorrido sobre el trabajo de los correctores de estilo que, se pensó, podrían desaparecer con los autocorrectores de las computadoras; pero no ocurrió así por el simple hecho de que las máquinas no pueden tener todas las palabras de determinada sociedad.

Ayala también hace un llamado a la mejor escritura pues con esa acción se facilita el trabajo del corrector y el libro sale más rápido a la venta. Si bien resulta duro aceptar la crítica que hace a la UNAM, debemos de reconocer que incluso dentro de la carrera de comunicación, letras y todo lo que tiene que ver con la escritura, la ortografía y la redacción, en algunas personas, es pésima.
En este círculo vicioso de leer-escribir bien se tiene que trabajar desde el fomento lector para lograr redacciones más limpias y que el corrector no tenga que enfrentarse a errores graves.
Aún con esos errores, Ayala reconoce que es la UNAM la mejor escuela para editores, correctores de estilo, traductores y diseñadores de libros a pesar de que la carrera no existe como tal.
Entonces, un corrector de estilo debe asimilar que su trabajo no será reconocido por el hecho de que si lo llegan a mencionar es porque algo hizo mal, porque dejo pasar una errata o porque el texto no tiene coherencia. Solitario como es, el corrector se debe alegrar de no llamar la atención, pues querrá decir que ha hecho un trabajo íntegro.




Camilo Ayala Ochoa, “Correctores de estilo”, en: Quehacer editorial, núm. 8, p.7-22, Alejandro Zenker, “Día del corrector, de cómo se puede vivir sin correctores, pero por qué siguen siendo imprescindibles”, en: Quehacer editorial, núm. 8, p.23-27

domingo, 13 de marzo de 2011

La vanguardia editorial


Como un esfuerzo editorial sin precedentes calificó Blanca Ocampo, coordinadora editorial del área de redacción, la labor llevada a cabo a través de la publicación de la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario.
“Queremos fomentar el hábito lector, el amor a la literatura, pero sobre todo promover la reflexión de los temas históricos que conmemoramos”, señaló Ocampo.
Mencionó que si bien la publicación es un esfuerzo conmemorativo también se dedicaron a publicar material para cada uno de los sectores poblacionales del Estado de México.
Manifestó que para los jóvenes hay una colección llamada ‘Lecturas de Mochila’ en la que se busca reforzar y complementar los conocimientos adquiridos en las instituciones educativas de nivel medio superior y superior.
“Que hayamos pensado en los jóvenes tiene que ver con un sentido trascendental porque el día de mañana quienes van a educar, a ser funcionarios públicos, profesores y se les quiere dejar ese sentido humanista”, finalizó.
Comentó que para los niños está la colección ‘Cubo de Luz’ en la que se cuenta con diferentes libros para hacer un primer acercamiento entre los niños y los libros para consolidarlos como futuros lectores.
También dijo que se busca revivir los clásicos literarios y darlos a conocer. “A través de las series ‘Espiral de Babel’ y ‘Espejo Humeante’ se busca reencontrar al público en general con la literatura clásica”.
Sobre la historia del Estado de México, Ocampo mencionó que se publicaron libros de viejas casonas, la historia de los nombres de cada municipio y de los personajes históricos y trascendentes oriundos del Estado de México.
Las publicaciones de la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario están divididas en las siguientes colecciones: Cubo de Luz, Lecturas de Mochila, Lecturas de Cabecera, Integración, Investigación y divulgación, Mayor, Bicentenario, Nuevo Pensamiento, Clásicos de la Literatura y Regiones y Pueblos del Estado de México.

sábado, 26 de febrero de 2011

Materia prima y producto final

"Cuando necesito leer un libro, lo escribo".
Benjamin Disraeli, estadista inglés.
El editor trabaja con materia prima no sólo física sino también intelectual. El manuscrito se vuelve el eje de la producción pues sin ideas, sin escrito, ¿qué se edita? Es trabajo del editor y su grupo seleccionar los manuscritos que van a publicar.

¿Cómo se eligen los trabajos para publicar? Sólo el editor y su grupo lo saben; no ha de ser fácil seleccionar los trabajos pues se deben tener criterios amplios en los que el editor se base para ser capaz de tomar la decisión.

El perfil de la casa editora también tiene mucho que ver cuando se hace la selección de manuscritos pues hay editoriales especializadas en ciertos temas y en ciertos autores que alimentan a la casa editora con su material.

Una vez que se tiene clara la temática es labor del editor seleccionar los textos; el editor, entonces, debe tener un amplio conocimiento y una cultura general extensa para poder comprender qué es publicable en su editorial y qué no lo es; sin embargo, alguien que funge como ayuda es el consultor editorial que hace de colaborador en tema especializado e incluso como filtro de manuscritos.

Una vez hecha la selección, se proceden con los pasos de los que ya hemos hablado: diseño, costos, decisiones técnicas sobre papel, tamaño, tipografía, y un largo etcétera que hará posible tener en las manos el producto final.



Fuente:

Datus C. Smith: “4. Desarrollo editorial: de la idea al libro”, en: Guía para la publicación de libros. Asociación de Editoriales de Instituciones de Educación Superior de México, Guadalajara, 1991.