domingo, 24 de abril de 2011

No juzgues un libro por su cubierta … ¿o sí?


El consejo arriba referido es utilizado para pedirles a las personas no juzgar a otras por su exterior y exhorta a conocerlos por dentro. Se hace con una referencia a los libros debido a que algunas veces el diseño te hace alejarte pero el contenido es realmente bueno y no lo sabrás hasta que lo abras y lo leas.
Hoy en día esa idea romántica sobre el contenido del libro me parece cada vez menos vigente debido a la importancia que lo visual ha adquirido en nuestra vida cotidiana.
No digo que los contenidos de un libro bien diseñado sean malos, pero es hora de que un buen diseñador se encargue de llamar la atención de los lectores para que estos se decidan a comprar un ejemplar.
La manera en como va a materializarse un libro, dice Datus C. Smith, debe responder a diversos factores específicos de una sociedad; se debe tomar en cuenta al mercado que se le va a vender y qué es lo que se quiere comunicar a través del libro.
El diseñador se va a encargar de materializar los objetivos del libro a través de tipografías, ilustraciones y otros elementos que permitirán una mejor lectura y comprensión del texto seleccionado. El trabajo del editor en este proceso es el de adecuar el diseño a las posibilidades económicas de la empresa editorial.
Pero no sólo de lo visual se encarga el diseñador; también los aspectos físicos del libro le competen: tamaño, tipo de papel, número de páginas, cubierta, etcétera.
Una vez elegidos todos estos aspectos, el autor menciona que se debe buscar una buena imprenta que tenga todos los equipos que se requieren para materializar la idea y el diseño tal y como se pensó.
No cabe duda que el texto es la esencia del libro, pero en esta sociedad visual es importante no descuidar ese aspecto para hacer más atractivo el libro y lograr que más personas lo quieran adquirir. 



Datus C. Smith: “6. Diseño del libro”, en: Guía para la publicación de libros,  UdeG/ASEDIES-México, 1991.

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